¡Oh, esfuerzo mínimo, sutil maestro de la vida! Tú, que nos enseñas el arte de la eficiencia, Donde menos es más, y más es demasiado.
En tus brazos, encontramos la calma del descanso, El arte de procrastinar con gracia y encanto, De inventar atajos, de delegar lo tedioso.Con un suspiro y un gesto, logras lo imposible, Transformas la pereza en una forma de sabiduría, Nos muestras que el genio a veces es no hacer nada.¡Elogio a ti, esfuerzo mínimo, efímero y astuto! Que en tu nombre, la simplicidad reine suprema, Y en tu honor, celebremos la victoria del mínimo esfuerzo.
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